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Por Wintery Knight

El relativismo moral es la opinión de que no existen valores morales ni los deberes morales en la realidad, sino que solo existen opiniones en las mentes de las personas. Cuando le preguntas a un relativista moral de donde viene la creencia de que robar es malo, él puede decirte que es su opinión, o que se trata de la opinión de la mayoría de la gente en su sociedad. Pero no puede decir que robar está mal independientemente de lo que la gente piense, porque la moral (en el relativismo moral) es solo una preferencia personal.

Entonces, ¿qué hay de malo en ello?

Encontramos esta lista de los siete defectos del relativismo moral en el sitio Australiano Faith Interface.

Aquí está el resumen:

  1. Los relativistas morales no pueden acusar a los demás de mala conducta.
  2. Los relativistas no pueden quejarse del problema del mal.
  3. Los relativistas no pueden culpar o aceptar la alabanza.
  4. Los relativistas no pueden hacer acusaciones de parcialidad o injusticia.
  5. Los relativistas no pueden mejorar su moralidad.
  6. Los relativistas no pueden mantener discusiones morales significativas.
  7. Los relativistas no pueden promover la obligación de la tolerancia.

Aquí está nuestro error favorito del relativismo (# 6):

Los relativistas no pueden mantener discusiones morales significativas. ¿De qué podemos hablar? Si la moral es totalmente relativa, y todos los puntos de vista son equivalentes, entonces no hay una forma de pensar que sea mejor que otra. Ninguna posición moral puede ser juzgada como adecuada o deficiente, irrazonable, aceptable, o incluso cruel. Si los conflictos éticos solo tienen sentido cuando la moral es objetiva, entonces el relativismo únicamente puede ser vivido consistentemente en silencio. Por esta razón, es raro encontrar un relativista racional y coherente, ya que la mayoría de ellos se apresuran a imponer sus propias reglas morales como “Es malo imponer tu propia moral sobre los demás”. Esto pone a los relativistas en una posición insostenible — si hablan sobre temas morales, ellos están renunciando a su relativismo, y si ellos no hablan de estos, ellos están renunciando su humanidad. Si la noción de discurso moral tiene sentido intuitivamente, entonces el relativismo moral es falso.

A veces nos hacen muchas críticas los ateos que se quejan de que no dejamos que ellos hagan declaraciones morales sin preguntarles primero en apoyar la moralidad en su cosmovisión. Y eso es porque en el ateísmo la moralidad no está racionalmente fundamentada, así que no pueden responder. En un universo accidental, solo se puede describir las preferencias personales de la gente o las costumbres sociales, que varían según el tiempo y el lugar. Todo es arbitrario — como tener discusiones acerca de cuál es la mejor comida o qué ropa es mejor. La respuesta siempre va a ser “depende de”. Depende de la persona que está hablando, porque es una afirmación subjetiva, no una afirmación objetiva. No hay una manera objetiva  según la cual debemos comportarnos.

El punto del ateísmo es perseguir el placer sin las ataduras de la moral — no hay otra razón alguna para hacer algo en el ateísmo, excepto por el placer que te da. Haces cosas aceptables para sentirte bien y recibir elogios de los vecinos, y haces cosas que no lo son en privado para sentirte bien y esperar que nadie que esté en una posición de poder que te pueda hacer responsable de ello, se entere. No fuiste creado para ser de cierta manera.

 


Blog Original: http://bit.ly/2LVWabj

Traducción por Jorge Gil

En mi nuevo libro, “La Escena de Crimen de Dios: Un Detective de Homicidios Examina Evidencia para un Universo Divinamente Creado”, yo examino ocho trazos de evidencia en el universo mientras pregunto algo simple que usamos en investigaciones: “¿Puedo explicar la evidencia ‘en la habitación’ (del universo natural) mientras me quedo dentro de la habitación?”. Esta es la pregunta que uso en cada escena de muerte para determinar si en verdad es una escena de crimen. Cuando la evidencia “en la habitación” no se puede explicar al permanecer “en la habitación”, tengo que considerar la participación de un intruso. Si la evidencia dentro del universo no puede explicarse al mantenerse “dentro” de la esfera natural del universo, debemos tener en cuenta igualmente la participación de un intruso cósmico. Una pieza de evidencia crítica en el universo es la existencia de morales objetivos que son transcendentes. ¿Podemos nosotros explicar estas verdades mientras nos quedamos “dentro de la habitación”?

Muchos filósofos y pensadores ateos buscan explicar las verdades morales desde “dentro de la habitación” del universo natural. Ellos ofrecen que las sociedades y culturas son la fuente de la moralidad. De acuerdo con este punto de vista (llamado “relativismo moral”), la moralidad varía de cultura a cultura. No hay morales  universales que son objetivas ni transcendentes para “todas las personas todo el tiempo.” Los relativistas morales creen que las culturas y los grupos de personas son los que crean sus propios códigos morales en vez de descubrirlos. Los códigos morales son una construcción social diseñada por la mayoría para ayudar a que el grupo mantenga la armonía social y aumenta su capacidad de supervivencia. Pero si el acuerdo cultural determina las verdades morales, varios problemas emergen:

Este enfoque confunde la diversidad cultural con la claridad moral

El relativismo moral reconoce correctamente la diversidad cultural y moral del mundo, pero esta observación falla en falsificar la existencia de morales transcendentes y objetivos. Las culturas pueden diferir en sus creencias acerca de lo que causa la tuberculosis, pero esto no significa que no haya una verdad objetiva acerca de la causa y la naturaleza de la enfermedad. La diversidad de las creencias subjetivas tiene muy poco que ver con la existencia de la verdad objetiva.

Este enfoque falla en identificar qué “cultura” rige qué

Si las verdades morales emergen del consenso de los grupos de personas, ¿qué grupo de personas es el que decide? ¿El tamaño o cuán poderoso es un grupo es lo que decide cuál grupo es calificado para ser la autoridad? El relativismo moral nos niega la habilidad para declarar que un grupo tiene más autoridad que otro, a menos que estemos dispuestos a apelar a una autoridad que transciende todos los grupos.

Este enfoque silencia la critica intercultural

Si las verdades morales son un producto del consenso cultural, ninguna cultura está en una posición para criticar o alabar el comportamiento de otra cultura. El relativismo moral no nos permite decir, “La tortura es objetivamente mala.” Lo mejor que podemos hacer es simplemente decir, “No nos gusta la tortura aquí en nuestra cultura”. Pero ¿cuál es la razón por lo cual le debe importar a alguien lo que pensamos si las verdades morales son relativas en cada cultura? Si la moral es simplemente un producto de la opinión cultural, las proclamaciones acerca de los verdades morales son como declaraciones sobre nuestras preferencias de comida: interesantes, pero en última instancia, no importan.

Este enfoque depende demasiado en el acuerdo

Si los grupos de personas deciden qué es lo que es moralmente correcto o incorrecto, ¿cómo debemos considerar un acto en particular si no hay un acuerdo cultural definitivo? ¿Significa esto que un acto no tiene estatus moral hasta que la mayoría se puede poner de acuerdo es ello? ¿Y qué tan grande tiene que ser la mayoría? Si el relativismo moral es verdad, no podemos hacer una declaración acerca del estatus moral de cualquier acto hasta que hemos llegado a un consenso cultural.

Este enfoque margina a los reformadores morales

Si las verdades morales son decididas por el acuerdo cultural, basadas en las creencias de la mayoría – ¿cómo debemos evaluar aquellos individuos en la minoría? ¿No serían considerados inmorales por definición? Los reformadores morales como Ghandi y Martin Luther King Jr., quienes empezaron sus esfuerzos de reforma moral como individuos defendiendo un punto de vista minoritario, serían impotentes para lograr un cambio si la verdad moral fuera realmente establecida como los relativistas morales proponen. Los Reformadores como éstos apelan hacia las verdades morales que transcienden la opinión de la mayoría cuando argumentan por el cambio. Si la verdad moral empieza en el nivel de la cultura, no hay una autoridad más allá de la sociedad a quien podemos recurrir.

Este enfoque alienta y emplea el comportamiento inmoral

Si los códigos morales son creados sistemáticamente y aceptados por las culturas como un esfuerzo para mantener la armonía social y para aumentar su supervivencia, ¿cómo podremos evitar los actos culturalmente egoístas? Si una actividad en particular aumenta la armonía social y la supervivencia de nuestra cultura, pero logra esto en detrimento de la cultura vecina, ¿hace esto el comportamiento moralmente aceptable? La esclavitud puede aumentar la supervivencia de una cultura en vez de otra – especialmente en vez de la cultura que esta esclavizado. De hecho, un argumento para la continuación de la esclavitud en América giraba alrededor de los beneficios que tuvo para la economía. Los retos para la supervivencia, incluyendo la supervivencia económica, pueden y han sido utilizados para excusar comportamientos inmorales egoístas.

Este enfoque confunde el reconocimiento con la existencia

Mientras está claro que los grupos de personas emplean principios morales para promover su bienestar y su supervivencia, los que reclaman que las sociedades son la fuente de estos principios –ya sea a través de algún proceso de  progreso social o evolución psicológica– están confundiendo el reconocimiento moral con la existencia moral. Aun las propuestas evolutivas más robustas relacionadas con el origen de la verdad moral simplemente ofrecen una descripción del por qué y cómo los humanos han empleado los principios morales para aumentar su supervivencia. Las culturas reconocen y emplean los principios morales, pero esto no significa que fueron creados a través de estos principios. De hecho, muchos científicos y filósofos son sospechosos de cualquier relación entre la evolución y la virtud moral. El proceso evolutivo muchas veces resulta en la falta de armonía y en conflictos; parece que la moralidad requiere que nosotros superemos el “monstruo evolutivo” dentro de cada uno de nosotros.

El relativismo moral es simplemente otro intento fallido de “permanecer dentro de la habitación” del universo natural para explicar la existencia de las verdades morales objetivas. La mejor explicación para la existencia de la verdad moral transcendente es simplemente la existencia de la fuente transcendente de la obligación moral que esta “afuera” de la habitación del universo natural.

 


J. Warner Wallace es autor de Cold-Case Christianity, tiene una trayectoria de más de 25 años como policía y detective, posee un Master en Teología por el Seminario Teológico Golden Gate Baptist y es profesor adjunto de Apologética en la universidad de BIOLA.

Traducido por Bryan Woodward.

Por Chris Du-Pond

Diariamente se toman decisiones—de vida o muerte—en referencia a nuestros conceptos de bondad y maldad en las cortes de todo el mundo. La mayoría de la gente percibe que algo está bien o mal como una “corazonada” pero cuando se les pide que expliquen el origen de la moralidad frecuentemente se refieren a experiencias personales, la sociedad, o simplemente fallan en proveer una base lógica para su sistema moral. Consecuentemente la moralidad es tomada como una construcción humana, relativa a cada persona, y sujeta a cambios. Esto es comúnmente llamado relativismo moral. Pero como veremos, el relativismo moral es insostenible y se auto-refuta.

Si la moralidad se fundamenta en la sociedad o en individuos, entonces se torna imposible condenar, por ejemplo, la proclamación de los edictos de Núremberg que privaron a los judíos de su ciudadanía y les dio el estatus de “sujetos”; el abuso de judíos—niños, mujeres y ancianos—a condiciones inhumanas y frecuentemente obligados a participar en trabajos forzados hasta morir en campos de concentración y ultimadamente el genocidio metódico de seis millones de ellos. Si la moralidad es relativa, entonces solo nos queda expresar una opinión acerca de estas atrocidades, y la opinión de Hitler—o la opinión del régimen Nazi en conjunto—se vuelve simplemente una cuestión de gusto o desacuerdo al igual que nuestra propia opinión.

Afortunadamente, la mayoría de la gente está de acuerdo en que las acciones de Hitler fueron inmorales, pero la cuestión del origen de la moralidad no se puede decidir por decreto, sino que requiere una explicación objetiva. Analicemos algunas opciones que se han postulado en un esfuerzo de explicar el origen de la moralidad:

  1. La Moralidad se define como aquello que contribuye al florecimiento de la sociedad. Si este es el caso, entonces el avance de la evolución humana por medio de la sobrevivencia de los organismos mejor adaptados resultaría en el máximo beneficio para la sociedad. Esta ideología—de donde nace el Darwinismo social—se conforma perfectamente con las ideas nazis del tercer Reich y puede ser utilizada para justificar genocidios masivos por medio de la eliminación sistemática de los elementos más débiles de la sociedad; un tipo de aceleración o ayuda artificial del proceso de selección natural.
  2. La Moralidad es definida por cada individuo. Pero aquí, de nuevo, la moralidad simplemente se reduce a una mera opinión y cualquier desacuerdo debe decidirse por la mayoría. Este método es también inadecuado para determinar si las atrocidades de los alemanes nazis fueron inmorales porque la opinión de Hitler sería tan válida como la de cualquier otro. Después de todo, Hitler tenía el apoyo de la mayoría de los ciudadanos alemanes y del parlamento alemán (Hitler fue elegido democráticamente).
  3. La Moralidad simplemente existe como una verdad metafísica necesaria. En esta posición, la moralidad es un concepto abstracto que existe como una verdad metafísica necesaria como la lógica, los números, o las matemáticas. Pero el juicio de valor de la moralidad sigue siendo una cuestión de opinión ya que no existe una regla o inferencia lógica que nos diga que matar judíos es inmoral de la misma manera que 2+2=4.
  4. La Moralidad es definida por Dios. Cualquier cosa que Dios ordene es buena. Pero bajo este concepto, “bueno” y “malo” se convierten en mandatos arbitrarios dictados por Dios. ¿Qué tal si Dios ordenase torturar bebés por diversión? ¿Sería tal mandato bueno solamente porque Dios lo ordena? ¡Claro que no! Una punta opuesta de este dilema vería a la moralidad como algo que existe fuera de Dios, de tal forma que Dios se encuentra restringido a ordenar solamente aquellas órdenes que sean buenas (haciendo de la moralidad algo externo a la naturaleza de Dios. Dios cesaría de ser el dador de la ley para convertirse en un mero transmisor de la ley). 1

Desafortunadamente, ninguna de estas opciones nos permite condenar las mayores atrocidades en la historia de la humanidad: no podemos decir realmente que el holocausto fue objetivamente perverso, o la esclavitud, o la opresión a la mujer.

Bajo el relativismo moral, cualquier intento de mejora moral no tiene sentido porque no hay una regla estándar de medida para comparar los diferentes actos y sistemas morales.

¿Cuál sería entonces la base para afirmar objetivamente que el holocausto fue objetivamente perverso? ¿O que torturar bebés por diversión es moralmente torcido? De manera claramente objetiva, nuestra experiencia moral nos dicta que hay verdaderamente valores y deberes morales objetivos.

Que robar y asesinar están mal independientemente de lo que piensen individuos y sociedades y en ese sentido, aunque los nazis hubiesen ganado la guerra y hubieran aniquilado o convencido al resto del mundo de que lo que hicieron tuvo una buena justificación, seria aun objetivamente incorrecto y perverso. El hecho de que nuestra experiencia moral apunta hacia una moral objetiva (no confundir con ontología moral) indica que la moralidad debe estar fundamentada en algo mas allá de la sociedad o de los individuos y de hecho apunta hacia la existencia de Dios; porque si Dios no existe entonces los humanos son simplemente bolsas gigantes de químicos en movimiento en una licuadora cósmica de átomos.

Es imposible deducir, a partir de químicos, que matar a un bebé por diversión es perverso. Esto toca el núcleo del argumento moral a favor de la existencia de Dios:

  1. Si Dios no existe, los valores y deberes morales objetivos no existen.
  2. Los valores morales objetivos sí existen.
  3. Por lo tanto, Dios existe.

Este argumento es lógicamente valido y si las premisas 1 y 2 son verdad, entonces la conclusión (3) se deriva necesariamente. Más aún, el hecho de que nuestra experiencia moral fuertemente testifica que la moralidad objetiva existe, combinada con la deficiencia que tienen los químicos, las sociedades, y los individuos a explicar tal experiencia indica que hay en cada persona una moralidad implantada que es reflejo de la buena naturaleza de Dios, a pesar de que esta experiencia sea difícil de explicar o definir. “Bueno” y “Malo” no son mandatos que Dios dicta caprichosamente o que existen independientemente, sino que la bondad es parte de la naturaleza intrínseca de Dios y el estándar absoluto de moralidad y justicia.

Esta es la razón por la que C. S. Lewis abandonó el ateísmo y escribió posteriormente:

“Mi argumento en contra de Dios era que el universo parecía tan cruel e injusto. ¿Pero de donde había sacado yo esta idea de justo e injusto? Un hombre no le llama a una línea ‘torcida’ al menos que tenga alguna idea de lo que es una línea ‘recta’. ¿Con que estaba yo comparando este universo cuando le llamaba injusto?”2

Llevado hasta sus últimas consecuencias, el relativista moral afirma que debemos de “tolerar” a todos los demás sistemas morales pues también son válidos. Pero esta es una posición que se auto-refuta y moralmente indefendible porque si tenemos dos sistemas morales en conflicto (supongamos que una cultura juzga que la discriminación a la mujer merece tiempo en la cárcel mientras que otra afirma que la mujer no tiene mucho más valor que el ganado); ¿Qué versión de moralidad utilizaríamos para resolver el conflicto? La misma creencia del relativista le prohíbe el juzgar a otro sistema moral, sino que debe “tolerarlo”. No puede culpar a otra cultura. Esta posición falla su propia prueba de aplicación y vence el propósito inicial que buscaba promover terminando en un nudo gordiano moral. El estandarte de la “tolerancia” se convierte en una excusa para aceptar todo tipo de inmoralidad e indirectamente ¡promueve la inmoralidad! Ahora, si la “tolerancia” es un valor moral absoluto que el relativista quiera forzar a los demás, entonces los valores morales objetivos existen (Dios existe) y el relativismo cae sobre su propia espada auto-refutándose. De cualquier forma el relativismo falla y la moralidad apunta a la existencia de Dios.

¿Alguna vez has sido parte de una conversación donde los participantes han tomado una posición de relativismo moral? ¿Cómo te has manejado en tal situación?

Dinos qué piensas de nuestro artículo “Con los pies bien plantados en el aire: relativismo y el argumento moral”. 

Aquí te dejamos el enlace para un vídeo que trata sobre la objeción del Mal contra la existencia de Dios que toca un brevemente el tema del Relativismo Moral. ¿Puede el mal refutar a Dios?

Notas

  1. Esto se conoce también como el “Dilema de Eutifrón”. Para una explicación detallada, ver, “Euthyphro’s Dilemma”, Stand to Reason, http://www.str.org/articles/euthyphro-s-dilemma#.VLgGGyvF9WU (accesado Enero 15, 2015).
  2. C. S. Lewis, Mere Christianity (New York, NY: Harper Collins, 2009), 38.

 


Chris Du-Pond es Ingeniero en Sistemas Computacionales graduado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, especialista en Bases de Datos relacionales. Chris se graduó de la Maestría en Apologética Cristiana de la Universidad de Biola con los más altos honores y estudió bajo la tutela de apologistas como William Lane Craig, Gary Habermas, Sean McDowell, Clay Jones, y J.P. Moreland entre otros. Es miembro de la Sociedad Filosófica Evangélica, la Sociedad Teológica Evangélica y la Alianza de Apologética Cristiana. Actualmente asiste a la Iglesia “Champion Forest Baptist Church” en Houston, TX, junto con su esposa Katya y sus dos hijas, Juliette y Giselle donde enseña una clase de teología avanzada.

Blog Original: http://bit.ly/2ObuZao