Los siete peligros de la apologética

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Por Chris Du-Pond

Soy apologista cristiano. Soy ingeniero de profesión.

Mi naturaleza valora la razón, la lógica, la verdad y la objetividad. Sin embargo, aquellas personas que estamos inclinadas a la apologética somos susceptibles a caer en errores que nos pueden costar muy caros. Voy a ser muy honesto y, en alguna medida, abrir un poco mi corazón para evitar que caigas en los mismos errores.

Los Siete Peligros de la Apologética

Por eso, en este apartado, quiero presentar 7 errores comunes que cometemos los apologistas en el área de formación espiritual:

Error #1. Confundir estudio de apologética con tiempo devocional

Cuando estuve estudiando mi maestría en apologética en la Universidad de Biola, llevé una clase llamada “Formación Espiritual”. El libro que utilizamos para la clase es “The Quest for Godliness” de J. I. Packer. Este libro habla de la cercanía y pasión de estar conectado con el Creador a un nivel espiritual. Un libro que me impactó profundamente y me confrontó con mi intelectualidad en necesidad de espiritualidad. El estudiar el argumento cosmológico de Leibniz, el argumento ontológico o el ajuste fino del universo NO SON sustituto de pasar tiempo de oración y contemplación con Dios. Es como si invitara a cenar a mi esposa y durante la cena, en vez de pasar tiempo con ella, mirarla a los ojos, escuchar su voz…en lugar de eso, me pongo a hacerle una entrevista de trabajo. Estudiar a Dios no es lo mismo que amarle. Estudiar apologética o teología no te hace más espiritual o más sabio. No descuides tu tiempo íntimo con Dios.

Error #2. Minimizar la Experiencia Personal y los Milagros

Hay una tendencia en muchos apologistas en hacer énfasis en lo objetivo y olvidar lo subjetivo, especialmente en jóvenes apologistas que empiezan su camino en esta senda. Es cierto que en la apologética el propósito es MOSTRAR que el cristianismo es verdad, pero nos olvidamos que la evidencia externa no es la única forma en que Dios se manifiesta. Una experiencia personal puede animar a otros creyentes. Dios sigue haciendo milagros y debemos seguir abiertos a ellos sin convertirlos en ídolos. De lo contrario, podemos cerrarnos a una rica vida espiritual. No sugiero que nos hagamos místicos, sino que estemos abiertos a Dios en todo momento y en todas las formas en que se manifiesta. De lo contrario puedes perderte de ricas bendiciones.

Error #3. Discutir para ganar el argumento

El apologista que diga que nunca ha sido culpable de esto miente. Somos seres caídos con egos inflados y el mucho conocimiento puede inflarte el ego aún más. El resultado es la fanfarronería y la presunción. No digo con eso que no debe haber lugar nunca para el debate contra los opositores del cristianismo en un foro público. En tal escenario la audiencia es lo más importante. Pero debemos ser muy sabios en cómo contendemos por la fe y con quien contendemos. Pero lo más importante es, con qué intención estamos contendiendo: ¿es para gloria de Dios o para nuestra propia gloria?

Error #4. El Desánimo de la Soledad

Definitivamente el apologista típico tiende a ser un ser solitario y muchas veces incomprendido. El conocer la verdad puede darte un sentido de urgencia que la mayoría de los creyentes no comparten. Muchos no entienden para qué es la apologética y la mayoría no saben ni lo que es. Esto puede llegar a ser deprimente. El sentimiento es como si estuvieras en un castillo sitiado, y la mitad de tus soldados no te escuchan y a la otra mitad no le interesa que han llegado los bárbaros al portón y están a punto de derribarlo. La mejor estrategia es buscar a unos pocos soldados que sí se interesen y de ahí contagiar y educar al resto. Verás que pronto tienes a un pequeño equipo de “fuerzas especiales” con quien hacer equipo.

Si me hubieran dicho hace 5 años que el interés en la apologética explotaría en américa latina como hasta hoy ha sucedido, creo que no lo habría creído. Hay mucho que hacer pero también hay mucho por qué animarse.

Error #5. Leer de apologética en lugar de HACER apologética

Cuando empecé a estudiar apologética de manera seria, me di cuenta que pasaba mucho tiempo viendo debates, leyendo libros, escuchando podcasts, platicando de apologética con mis amigos apologistas. En reuniones sociales sólo quería hablar de apologética. Lo único que NO hacía era usar la apologética como herramienta de evangelismo.

La apologética no es un fin en sí misma, sino una herramienta. Es la artillería pesada en la batalla del evangelio. El tanque de guerra para demoler argumentos que se levantan contra el conocimiento de Cristo. No perdamos la brújula: si vas a aprender apologética, no es para inflarte el ego, es para quitar obstáculos para que la gente pueda ver la cruz de Cristo claramente. Si tienes el don de aprender, usa el conocimiento para llevar a otros a Cristo o por lo menos para acercarlos a la cruz. No para presumir de lo mucho que sabes. Y mientras más sepas, más te será demandado.

¿A cuánta gente le has compartido el evangelio esta semana? ¿Este mes? ¿Este año?

Error #6. No buscar un Mentor

Es muy importante que tengas un mentor que te guíe, no tanto en apologética sino de manera espiritual. Algunas preguntas que debemos dejar que nos haga un mentor son:

  • ¿Estás pasando tiempo en DELEITE con Dios? No sólo es importante pasar tiempo con Dios. Es más importante deleitarse en El que cumplir con un deber.
  • ¿Estás llevando una vida Santa y apartada del pecado?
  • ¿Cuándo estudias la Biblia, estás buscando SU gloria y no la tuya?
  • ¿Estás pidiendo oración a otros por tus necesidades?
  • ¿Estás usando tus Dones Espirituales sabiamente?

Tener un mentor más sabio que tú es indispensable para cultivar una vida cristiana fructífera. Pero debes estar dispuesto a darle autoridad para que te haga preguntas honestas y difíciles. Viendo hacia atrás, lo mucho o poco que he logrado en el área de la apologética ha sido por otras personas que me han impulsado, animado y guiado. Todos necesitamos ayuda. Seamos humildes en buscarla.

Error #7. Querer ser  un apologista igual que William Lane Craig, Ravi Zacharías… (o pon tu apologista o teólogo favorito).

Cuando uno empieza en la apologética, puede quedar deslumbrado por la brillantez de ciertos apologistas. No hay problema en admirar a ciertas personas y aprender de ellas. Pero incluso los apologistas más brillantes son seres caídos en necesidad de gracia. El único digno a imitar es Jesús. No hagamos de los apologistas nuestros ídolos del momento. Llevo muchos años en círculos de apologética y hace unos años quede muy desilusionado de algunos (al conocerlos más a fondo) de ellos de los que me había formado una imagen idealizada. No trates de imitarlos. No vale la pena. Uno de mis maestros, Sean McDowell, hijo del muy conocido apologista, Josh McDowell, luchó por años con esto. Una vez una mujer le dijo, después de una de sus ponencias: “Lo hiciste bien, pero me gusta más tu papá”. Un día se dio cuenta y se dijo a sí mismo: “No soy mi papá, ni nunca seré como mi papá. Voy a dedicarme a ser lo que Dios quiere que sea… no una reproducción de otra persona”.

Dios quiere que, sobre todo, seas obediente y que uses tus dones sabiamente. Se fiel con lo mucho o poco que Dios te haya dado, y en ello te bendecirá y te dará más si así lo cree El. No trates de imitar a otros. Sé mejor cada día e imita a Jesús.

Nota Final

A la postre, todo lo que hacemos debe estar motivado por el amor: amor a Dios y amor a las personas. Eso requiere que cada vez que hagamos apologética, nos revistamos de amor y gentileza. Me gustan las palabras de Dallas Willard al respecto:

“Al igual que Jesús, debemos buscar alcanzar a otros en amor en espíritu de humildad sin coerción. La única forma de hacer esto es presentando nuestra defensa con gentileza, como ayuda otorgada en amor a la manera de Jesús. Pero eso no es todo.  Eso significa que nuestra comunicación debe ser amable, porque la gentileza también es característica del sujeto de nuestra comunicación. Lo que buscamos defender o explicar es a Jesús mismo, quien es el amable y gentil pastor. Si no somos amables en la forma de comunicar las buenas nuevas, ¿cómo es que la gente podrá encontrar al gentil y amante Mesías que les queremos mostrar?”

 


Chris Du-Pond es Ingeniero en Sistemas Computacionales graduado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, especialista en Bases de Datos relacionales. Chris se graduó de la Maestría en Apologética Cristiana de la Universidad de Biola con los más altos honores y estudió bajo la tutela de apologistas como William Lane Craig, Gary Habermas, Sean McDowell, Clay Jones, y J.P. Moreland entre otros. Es miembro de la Sociedad Filosófica Evangélica, la Sociedad Teológica Evangélica y la Alianza de Apologética Cristiana. Actualmente asiste a la Iglesia “Champion Forest Baptist Church” en Houston, TX, junto con su esposa Katya y sus dos hijas, Juliette y Giselle donde enseña una clase de teología avanzada.

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