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Por Bob Perry

«¿Cuál es la voluntad de Dios para mí vida?» Es común escuchar esta pregunta al venir de alguien que está reflexionando sobre una difícil decisión en la vida. Tomar decisiones grandes puede ser confuso, pero utilizar «la voluntad de Dios» como el punto de referencia para el éxito le agrega un elemento de agonía a todo. La clave para que la toma de decisiones sea menos estresante es tener claro lo que esto significa realmente.

La clave para reducir el estrés en la toma de decisiones

¿Y si tomamos la decisión incorrecta y elegimos el lugar equivocado para vivir? ¿El trabajo equivocado? O, lo que es más desalentador, ¿el cónyuge equivocado? Piénsalo. Si nos casamos con la persona equivocada significa que nuestro cónyuge estaba destinado a casarse con otra persona, y la persona con la que debía casarse también se casó con la persona equivocada. La cadena de cónyuges unidos erróneamente pronto se multiplica sin control. Algo debe fallar en una visión que convierte una decisión equivocada en una catástrofe global. ¿Cómo podemos prevenir la calamidad y evitar la incertidumbre? ¿Se supone que la toma de decisiones sea tan difícil?

En busca de la voluntad de Dios

La toma de decisiones en sí es difícil, pero la empeoramos cuando aumentamos la carga evaluando nuestras opciones con un falso criterio. Malinterpretamos la voluntad de Dios cuando la equiparamos con algún tipo de plan divino oculto. La realidad es que cualquiera de nosotros puede evaluar nuestro alineamiento con la voluntad de Dios con clara seguridad. Para saber cómo, necesitamos evaluar este razonamiento con lo que realmente dice la Biblia sobre la voluntad de Dios.

“Si realmente existe una voluntad perfecta de Dios que debemos descubrir, en la que encontraremos una tremenda libertad y plenitud, ¿por qué parece que todos los que buscan la voluntad de Dios se encuentran en tal esclavitud y confusión?”

-Kevin DeYoung, Just Do Something (Haz Algo)

El mensaje oculto

El modelo contemporáneo de toma de decisiones cristiana equivale a algo como una búsqueda del tesoro. La voluntad de Dios se convierte en un plano secreto que ha sido escondido de nosotros. Solo podemos acceder a él implorando a Dios que nos lo revele en dosis lo suficientemente pequeñas como para protegernos de su mal uso. Él nos susurra Su revelación y Su guianza y nosotros debemos aprender a oír. Dios utiliza suaves avisos para asegurarnos de que estamos siguiendo el camino correcto.

Según este método, El “plan de Dios para tu vida” es una hoja de ruta que solo podemos descifrar mediante una minuciosa reflexión. La presión está en nosotros para descubrir el plan o arriesgarnos a desviarnos del curso que él ha trazado para nuestras vidas. Dentro de este método, nuestra angustia es entendible. La presión para ajustarse al plan es enorme porque el tesoro que buscamos no es una recompensa mundana o material, es el propósito mismo de nuestra vida.

Hay dos problemas con este modelo. El primero es que se convierte en un ejercicio de intentar ver el futuro. Esta es una tarea inútil si no se es un profeta ordenado y dotado de la autoridad y la responsabilidad que conlleva ese cargo. El segundo y más importante problema es que este modelo de toma de decisiones no se encuentra en ninguna parte de la Biblia.

La voluntad soberana de Dios

Dios tiene una voluntad soberana. La planeó antes de crear el universo, y puso el plan en marcha en el momento de la creación. Se desarrollará exactamente de la manera que el Creador lo destinó. Eso lo sabemos. También podemos estar seguros de que no podemos saberla de antemano y de que no podemos hacer nada para cambiarla.

La Biblia describe esta voluntad soberana en pasajes que se refieren a los propósitos de Dios. Él conoce el futuro. Él lo hace realidad. Podemos ver evidencia de esto, pero nunca podemos verla mirando hacia el futuro. Solo hay una manera de reconocer la voluntad soberana de Dios. La vemos mirando hacia atrás.

Tu propia vida es testimonio de esto. Mira hacia atrás a todas las increíbles “coincidencias” que has experimentado en tu vida. Cada una de ellas te ha llevado justo a donde estás en el presente.

Hay veces que no apreciamos este aspecto de la voluntad de Dios. Queremos saber cómo van a salir las cosas. Nuestra motivación puede ser buena. Podemos ser sinceros al querer estar alineados con los propósitos de Dios. Podemos estar tratando de evitar el dolor y las dificultades para nosotros mismos, o tratando de no herir a los demás. Pero no importa cuán puros sea nuestros motivos, este deseo revela una preocupación injustificada por el futuro.

La voluntad moral de Dios

Hay un segundo aspecto de la voluntad de Dios que está muy claro. Pablo nos dice en 1 Tesalonicenses 4:3, “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación”. Esta es la voluntad moral de Dios. Es un proyecto en marcha, no para descifrar el futuro que nos tiene reservado, sino para conformarnos a su semejanza. Los teólogos se refieren a este proceso como “santificación”. La santificación es un proceso que empieza con la renovación de nuestras mentes y continua por el resto de nuestras vidas. Es el proceso que moldea nuestra voluntad y carácter para alinearse con “la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto” (Romanos 12:2). Nuestra santificación se manifiesta cuando vivimos el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22). La voluntad moral de Dios es que reflejemos el carácter de Cristo.

El modelo de la sabiduría

Si tienes en cuenta estos dos aspectos de la voluntad de Dios, llegamos al verdadero modelo bíblico de toma de decisiones. Es simple y directo. En primer lugar, cuando se trata de tomar decisiones de vida, los propósitos soberanos de Dios siempre ocurrirán, sin importar las decisiones que tomes. Después, cualquier elección de vida que consideremos debe ser consistente con la voluntad moral de Dios. En otras palabras,

El deseo de Dios no es acerca de los detalles de dónde vamos o qué hacemos; se trata de quiénes somos. Se trata de la persona en la que nos estamos convirtiendo.

Si las decisiones que tomamos son consistentes con las normas morales de Dios, somos libres de hacer lo que queramos. Nuestra motivación debe ser desarrollar sabiduría, no recibir órdenes de marcha.

Lo que el modelo de la sabiduría no dice

Esto no niega que Dios puede hablar a cualquiera en cualquier momento. Después de todo, Dios es Dios. Pero nada en la Biblia sugiere que debamos utilizar la práctica común de toma de decisiones cristiana que se ha hecho tan popular en nuestra cultura.

No hay indicios de que debamos humillarnos en busca de guía y luego escuchar los mensajes personales de Dios sobre lo que debemos hacer. Todo lo contrario. Como dice el apologista Greg Koukl, los registros muestran que la guía personalizada en la Biblia no solo es rara, sino que es una intrusión en las vidas de aquellos que la reciben. Nadie en la Biblia suplica un conocimiento secreto y luego espera tranquilamente las instrucciones. La voz de Dios es sobrenatural e inconfundible. Incluso Pablo, un hombre que odiaba y perseguía a los cristianos, escuchó la voz de Dios en el camino a Damasco. En resumen, si Dios nos habla, no habrá duda de quién está hablando, ni de lo que está tratando de decir.

Haz el bien, luego haz lo que quieras

Tomar decisiones de vida no tiene por qué ser desconcertante ni abrumador. Mientras las opciones que consideremos no violen los límites morales de Dios, podemos hacer lo que queramos. El modelo de sabiduría permite a los creyentes piadosos perseguir sus propios deseos. Una vez que lo entendemos, la toma de decisiones se convierte en un gozo. Aprendemos a proseguir en la vida con confianza y humildad. No abordamos las decisiones difíciles de la vida con temor y temblor. Por el contrario, perseguimos un estilo de vida centrado en Dios.

¿Cuál es la voluntad de Dios para tu vida? Pablo no podía dejarlo más claro. “Estad siempre gozosos; orad sin cesar; dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús. (1 Tesalonicenses 5:16-18).”

Recursos recomendados en Español:

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek  

 

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Bob Perry es un escritor, profesor y orador de apologética cristiana que escribe un blog sobre el cristianismo y la cultura en truehorizon.org. Es escritor colaborador de la revista Christian Research Journal y también ha publicado en Touchstone y Salvo. Bob es un aviador profesional con 37 años de experiencia en vuelos militares y comerciales. Es licenciado en Ingeniería Aeroespacial por la Academia Naval de los Estados Unidos, y un máster en Apologética Cristiana por la Universidad de Biola. Está casado con su novia del instituto desde 1985. Tienen cinco hijos mayores.

Blog Original: https://cutt.ly/DEaF5n6

Traducido por Elías Castro

Editado por Daniela Checa Delgado

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