Juzgar bíblicamente en un mundo de “No me Juzgues”

Por Alisa Childers

“NO DEBERÍAS JUZGAR”

Hace un par de años, había un libro muy popular escrito por un autor que se declaraba cristiano. Fue publicado por una editorial cristiana y comercializado en plataformas y sitios web cristianos. Era un cuento de hadas hecho realidad. Llegó a la cima de la lista de Best Sellers del New York Times y ganó los corazones y las mentes de millones de mujeres, y fue presentado en innumerables estudios bíblicos de grupos pequeños y conferencias en todo el país.

Juzgar bíblicamente en un mundo de “No me Juzgues”

El único problema es que el mensaje central del libro es exactamente lo contrario al evangelio bíblico. Así que decidí escribir una pequeña reseña del libro y publicarla en mi blog. No esperaba que esta “pequeña reseña” se convirtiera viral, ni tampoco predije la cantidad de correos de odio que llegarían a mi bandeja de entrada en las semanas siguientes.

Algunos de los correos electrónicos no pueden repetirse en compañía de personas educadas. Pero la mayor parte de las reacciones se pueden resumir en tres fatídicas palabras: “Tú. no. deberías. Juzgar”.

El mensaje que recibí alto y claro fue que era un error por mi parte criticar ideas no bíblicas en un libro popular. Al fin y al cabo, Jesús nunca sería un “Mc Juez”. Con el amor redefinido como la afirmación de un deseo o una idea, es fácil ver como “juzgar” se ha convertido en el pecado imperdonable en nuestra cultura.

Pero los cristianos viven con un estándar diferente a la del mundo. Cuando alguien dice: “No deberías juzgar”, en realidad está contradiciendo el amor real, la Biblia y el simple sentido común. Así que, la próxima vez que alguien saque este particular argumento para interrumpir la conversación, recuerda estas tres cosas:

DECIR “NO JUZGAR” NO ES BÍBLICO

Parece que el versículo bíblico favorito de todo el mundo (al menos cuando intentan evitar que alguien les diga que están equivocados) es Mateo 7:1. Las palabras “No juzguéis, para que no seáis juzgados” salen de los labios del propio Jesús.

El micrófono se cae. Fin de la conversación, ¿verdad?

Bueno, eso sólo funciona si tachas los siguientes seis versículos, junto con otras cosas que dijo Jesús, y una buena parte del Nuevo Testamento. De hecho, justo después de decir “no juzguéis”, Jesús le hace saber a su audiencia que cuando juzguen, deben tener mucho cuidado de asegurarse de que su juicio no sea hipócrita. “Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”, instruye Jesús en el versículo cinco. En otras palabras, no señales un pecado en la vida de tu hermana antes de confrontar un pecado más grande en la tuya.

Sino de lo que se trata es de ayudar a tu hermana a sacarse la paja del ojo, lo que requiere que juzgues que está ahí. Por lo tanto, Jesús no está diciendo que siempre sea malo juzgar. De hecho, el versículo seis nos dice que “no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los cerdos”. ¿Cómo puede uno identificar a los “perros” y a los “cerdos” si primero no juzga correctamente?

JUZGAR EL FRUTO

Si todavía hay alguna confusión, sólo unos versos más adelante, Jesús nos dice que reconozcamos a los lobos, o falsos maestros, por sus frutos. Una vez más, esto requiere que juzguemos si estos maestros están hablando de la verdad o del engaño. Luego, en Juan 7:24, Jesús no podría decirlo más claramente. Orienta a sus oyentes a “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”.

Más adelante, en Mateo 18:15-16, Jesús da instrucciones sobre cómo confrontar a un compañero creyente si ha pecado contra ti. (El apóstol Pablo se hace eco de este sentimiento en Gálatas 6:1, diciendo a los cristianos cómo tratar a un hermano que está atrapado en un pecado. Escribe: “Vosotros que sois espirituales” -piensan sin una viga en el ojo- “restauradle con espíritu de mansedumbre”.

En 1 Corintios 5, Pablo les dice a los creyentes de Corinto que, en realidad, su trabajo es juzgar a otros creyentes. Escribe: “¿Qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro?  Porque a los que están fuera Dios juzgará “.

Decirle a alguien que no debe juzgar no es bíblico. De hecho, las Escrituras nos ordenan que juzguemos, pero que lo hagamos con cuidado, correctamente, con humildad y sin hipocresía.

DECIR “NO JUZGAR” NO ES LÓGICO

Imagina que estás solo en casa y suena el timbre. Te asomas a la ventana y observas a un hombre muy grande con una pistola en la mano, vestido con un uniforme naranja. Está sudando y mira a su alrededor con nerviosismo. Sé sincera. ¿Vas a abrirle la puerta? Mi opinión es que… probablemente no. Pero espera. ¿Por qué lo estas juzgando? Tal vez no sea un preso que se ha escapado, sino que simplemente disfruta vestirse con uniforme naranja y llevar su arma mientras sale a correr. ¿Quién eres tú para juzgar?

Obviamente, este es un ejemplo extremo. Nadie le abriría la puerta a ese tipo. Pero esto demuestra que, literalmente, todo el mundo juzga. Todos juzgamos a la gente todos los días. Sería más que ilógico, y a veces inseguro, no juzgar.

Además, incluso decirle a alguien que no debería juzgar es juzgar que está juzgando, lo que se considera un juicio, que requiere hacer un juicio sobre todo lo que se juzga. Ya entiendes el punto. Pero todo ese lío lógico puede evitarse simplemente siguiendo el consejo de Jesús de “juzgar con juicio justo”.

DECIR “NO JUZGUES” NO ES AMOROSO

Cuando era más joven, estaba atrapada en un ciclo tóxico provocado por un trastorno alimentario. Una de mis buenas amigas, una eterna complaciente con la gente, se armó de todo el valor posible para enfrentarme. Por decirlo suavemente, no le fue bien. La invité, no muy educadamente, a que dejara de “juzgarme” y se apartara del asunto.

Sin embargo, insistió. Su determinación de asegurarse de que yo no sólo estaba siendo ayudada, sino que también tenía que rendir cuentas, cambió literalmente mi vida. Acabé confesando mi secreto y recibiendo ayuda psicológica cuando empezó mi recuperación. Hasta el día de hoy se me llenan los ojos de lágrimas cuando pienso en lo mucho que me quería para hacer algo tan difícil.

Según la Biblia, el amor es paciente y amable. No es arrogante ni grosero. 1 Corintios 13:6 continúa diciéndonos que “el amor no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad”. Mi amiga no podía alegrarse de mi maldad. Si simplemente hubiera ignorado la “paja en el ojo” y hubiera elegido no juzgar, mi vida podría haber seguido un camino muy diferente.

Me juzgó porque me quería. Y muy posiblemente me salvó la vida. Juzgar con un juicio justo no sólo es bíblico y lógico, sino que también es lo más amoroso que puedes hacer.

JUICIO VALIENTE

La cultura siempre tendrá sus eslóganes, mantras y frases célebres. Pero ¿no hemos sido siempre los cristianos contraculturales? A veces Jesús nos llama a juzgar a los demás. Por difícil que parezca, obedecer sus mandatos evitará que te dejes llevar por los caprichos de una cultura voluble. Al fin y al cabo, esa cultura no estará a tu lado cuando tu vida (o la de tus seres queridos) se desmorone por seguir sus consejos. Jesús lo hará.

Y eso es algo que puedes juzgar correctamente como verdad.

Recursos recomendados en Español: 

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek  

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Alisa Childers es esposa, madre, autora, bloguera, oradora y líder de alabanza. Fue miembro del premiado grupo de grabación de MCC ZOEgirl. Es una conferencista popular en conferencias de apologética y cosmovisión cristiana, incluyendo la Conferencia Reality de STR. Alisa ha publicado en The Gospel Coalition, Crosswalk, The Stream, For Every Mom, la revista Decision y The Christian Post. Su libro, Another Gospel? A Lifelong Christian Seeks Truth in Response to Progressive Christianity, ya está disponible. También puede conectarse con Alisa en línea en alisachilders.com.

Blog Original: https://cutt.ly/UTUiGGi

Traducido por Jennifer Chavez 

Editado por Elenita Romero