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Por Ryan Leasure

Esta es la tercera entrega de una serie de nueve partes sobre cómo se formó nuestra Biblia. La primera parte trataba sobre la inspiración e inerrancia de las Escrituras. La segunda parte explicaba la formación y preservación de los textos del Antiguo Testamento. En este artículo se abordarán cuestiones relacionadas con el canon del Antiguo Testamento y los apócrifos.

Cómo obtuvimos nuestra Biblia: el canon del Antiguo Testamento y los apócrifos

Canon

Antes de continuar con el tema, primero debemos establecer a qué nos referimos cuando hablamos del “canon”. No nos referimos, por supuesto, a las armas de épocas pasadas. Sino que canoson n remite a una antigua forma de medir con una vara parecida al junco o caña y era empleada como un patrón infalible tal como lo es una regla de un metro. El término se aplicó posteriormente a los textos bíblicos que la Iglesia recibió en su colección de libros autorizados.

La Tanakh

El acomodo que los judíos le dieron al Antiguo Testamento fue y es completamente diferente de nuestra manera típica de ordenarlo. Parece ser que desde hace mucho tiempo los judíos dividieron en tres partes el canon hebreo. Esta triple división se le conoce como Tanakh  basado en las tres divisiones —Torah (Ley), Nevi’im (Profetas) y Ketuvim (Escritos). Esta última división a veces se le llama “Los Salmos” ya que los Salmos fueron el primer y más grande libro entre Los Escritos y a menudo se toma como representación del conjunto. Además, hay que tener en cuenta que los judíos combinaron varios libros. Así que el canon judío contiene los mismos libros que las Biblias protestantes, pero su Biblia solo tiene veinticuatro libros en lugar de treinta y nueve. Considere el siguiente desglose desde el Génesis hasta las Crónicas:

Ley

(Torah)

Profetas

(Nevi’im)

Escritos

(Ketuvim)

Génesis Josué Salmos
Éxodo Jueces Job
Levítico Samuel Proverbios
Números Reyes Ruth
Deuteronomio   Cantar de los Cantares
  Isaías Lamentaciones
  Jeremías Eclesiastés
  Ezequiel Ester
  Los Doce Daniel
    Esdras-Nehemías
    Crónicas

La Septuaginta (250-150 A.C)

Después de que Alejandro Magno helenizara el mundo conocido, los eruditos judíos se dieron cuenta que era necesario traducir al griego las Escrituras hebreas para que más personas pudieran leerlas. La leyenda cuenta que setenta y dos traductores judíos (seis de cada una de las doce tribus), trabajaron durante setenta y dos días, cada uno de manera independiente tradujo el texto del hebreo al griego, y las setenta y dos traducciones resultaron ser exactamente iguales. Por ello la traducción se conoció como la Septuaginta (en latín septuaginta significa “setenta”) y se le representa con los números romanos LXX.

Vale la pena mencionar un par de detalles acerca de la Septuaginta. En primer lugar, esta traducción cambió el orden de los libros al orden con el que estamos más familiarizados hoy en día. Es decir, cambió la triple división de la Tanakh y acomodó los libros como hoy los tenemos; ley, históricos, poéticos, profetas mayores y profetas menores. Además, la septuaginta también incluía los Apócrifos.

Los Apócrifos

Los Apócrifos son aproximadamente una docena de libros judíos que se escribieron durante el periodo intertestamentario. Estos libros tratan sobre historia, poesía, literatura de sabiduría y profecía. Probablemente los más famosos libros apócrifos  son Primer y Segundo libro de los Macabeos. Estos libros narran las rebeliones judías y la recuperación del templo que estaba en manos de los sirios. Aunque estas obras tienen un gran valor histórico, también contienen material discutible. Esto lo podemos observar en Segundo de Macabeos donde enseña que los santos en el cielo interceden por los que están en la Tierra (15:11-16) y que las oraciones y sacrificios pueden ofrecerse en favor de los muertos (12:39-46). Los romanos católicos usan este texto para dar validez a las creencias sobre el purgatorio y la práctica de indulgencias.

Tobías, otro libro apócrifo, cuenta la historia pintoresca de un devoto judío en el exilio quien al estar dormido pierde la vista por la suciedad de los pájaros . Su esposa Sara, también tiene sus propias dificultades. Un demonio ha matado a siete de sus anteriores esposos en la noche de bodas. Y Dios envía al ángel Rafael para ayudar a Tobías y a Sara a conquistar  al demonio. Al final usan el corazón y el hígado de un pez para ahuyentar al demonio de la cámara nupcial. La historia termina cuando el hijo de Tobías frota los ojos de su padre con la bilis del pescado para devolverle la vista. Es un relato bastante extraño.

Otro libro, conocido como Judith, describe la liberación del pueblo judío por parte de Dios. En esta historia, Judith seduce al rey asirio para cortarle la cabeza mientras está aturdido por el alcohol. No tenemos evidencia de que esto en verdad haya acontecido. Además, este libro comete el error de ubicar a Nabucodonosor como rey de Asiria y no de Babilonia.

Otra colección de apócrifos incluyen al libro de Sirá (literatura de sabiduría similar a Proverbios), Baruc (que no escribió Baruc), Sabiduría de Salomón (que no escribió Salomón), y complementos al libro de Daniel (La Historia de Susana, La Historia de Bel y el Dragón).

¿Por qué La Biblia no debe incluir Los Apócrifos?

Probablemente estás familiarizado con los debates Protestantes-Católicos-Ortodoxos sobre la posibilidad de incluir Los Apócrifos en las Biblias de hoy en día.  En el espacio restante, me gustaría ofrecer cinco razones por las que no creo que la Biblia deba incluir los apócrifos.

1 Los apócrifos reconocen que los profetas no hablaban en su época

Considera los siguientes textos de 1º Macabeos.

Fue una gran prueba en Israel, como nunca se había visto desde que terminó el tiempo de los profetas (1 Macabeos 9:27 Biblia Latinoamericana).

También el rey tomó en cuenta el que los judíos y los sacerdotes habían resuelto que Simóin fuera su jefe y Sumo Sacerdote hasta la aparición de un profeta digno de fe (1 Macabeos 14:41 Biblia Latinoamericana).

Depositaron las piedras de dicho altar en el cerro del Templo, en lugar conveniente, hasta que surgiera un profeta que diera respuesta sobre el caso (1 Macabeos 4:46 Biblia Latinoamericana)

Observe cómo estos tres versículos indican que Dios no hablaba a través de profetas durante su tiempo.

2 Los judíos nunca aceptaron los apócrifos como escrituras.

Considera la siguiente cita del historiador judío del siglo I Josefo:

Desde la muerte de Moisés hasta la era de Artajerjes, quien fue rey de Persia después de Jerjes, los profetas que sucedieron a Moisés escribieron lo que sucedió en sus días en trece libros. Los otros cuatro libros contienen canciones para Dios y principios de vida para los seres humanos. Desde Artajerjes hasta nuestra época se ha llevado un detallado registro, pero esto no se ha considerado digno de igual crédito que los registros anteriores porque no ha habido desde entonces la sucesión exacta de profetas.[1]

Josefo señala que después de la era de Artajerjes (465-424 a.C.), los judíos continuaron escribiendo libros (los Apócrifos), pero estos libros no estaban a la altura de las Escrituras, porque los profetas dejaron de hablar.

Además, el Talmud babilónico, que es una colección sagrada de tradiciones rabínicas, registra lo siguiente “después de que murieron los últimos profetas Hageo, Zacarías y Malaquías, el Espíritu Santo se apartó de Israel” (Yoma 98). En otras palabras, la revelación especial cesó después de la época de estos profetas. Por lo tanto, no debemos considerar Los Apócrifos como Escrituras, ya que fueron posteriores a estos profetas.

Finalmente, alrededor del año 90 d.C., un Concilio de líderes judíos se reunió en Jamnia para decidir cómo reconstruir el judaísmo después de la caída de Jerusalén y su templo. Al discutir sobre sus libros sagrados, sólo reafirmaron la práctica universal de todos los judíos de que los apócrifos no pertenecían a su Biblia.

3 El Nuevo Testamento nunca se refiere a los apócrifos como escrituras

Los autores del Nuevo Testamento citan pasajes del Antiguo Testamento cientos de veces. Regularmente sus citas son antecedidas por frases como “así está escrito” o “las Escrituras dicen.” Considera los siguientes ejemplos:

como está escrito: No hay justo, ni aun uno; (Rom. 3:10 LBLA)

Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron. (Jn. 19:37 LBLA)

Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oís su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación […] (Heb. 3:7-8 LBLA)

Ni siquiera una vez los autores del Nuevo Testamento hicieron algo similar con los textos Apócrifos. Esta omisión es considerable a pesar del hecho que los autores del Nuevo Testamento citaban de la Septuaginta la cual contenía los Apócrifos. Lo que significa que los autores del Nuevo Testamento tenían conocimiento de los textos Apócrifos. Y ellos simplemente no se refirieron a estos textos como Escrituras.

4 Jesús afirmó la triple división del Tanaj

Dos citas del evangelio de Lucas nos muestran que Jesús creía en un canon cerrado del Antiguo Testamento que no incluía los Apócrifos. Observa Lucas 24:44 LBLA.

Luego les dijo: Esto es lo que les había anunciado cuando todavía estaba con ustedes: que todo lo que está escrito sobre mí en la ley de Moisés, los libros de los profetas y en los Salmos tiene que cumplirse.

En este texto Jesús hace una clara afirmación a la división en tres partes del Antiguo Testamento- los Apócrifos no son incluidos. Toma en cuenta también Lucas 11:51 LBLA.

desde el asesinato de Abel hasta el asesinato de Zacarías. Zacarías fue asesinado entre el altar y el templo. Sí, yo les digo, ustedes los de estos tiempos pagarán por ello.

Al hablar de Abel (el primer mártir bíblico) y Zacarías (el último mártir bíblico), Jesús demuestra que el canon del Antiguo Testamento finaliza con el libro de Crónicas (en el orden tradicional de la Tanaj). Vale la pena anotar que muchos mártires murieron en el libro de los Macabeos. Jesús no los menciona porque no consideraba a los Macabeos como parte de su Biblia.

5 La Iglesia Católica no concedió autoridad a los apócrifos hasta más tarde

La lista canónica del Antiguo Testamento más antigua de un cristiano procede de Melito de Sardis (170 d. C.). En su canon no tomó en cuenta los Apócrifos. La lista canónica que hizo Orígenes a mediados del siglo tercero también excluye a los Apócrifos. Además Atanasio, Cirilo de Jerusalén, Gregorio Nacianceno y el Concilio de Laodicea descartan de su canon los libros Apócrifos.

Se cree que en algún punto del siglo cuarto, los Apócrifos comenzaron a ganar aceptación en algunos sectores cosa demostrada por algunas listas canónicas (San Agustín, el Concilio de Hipona) y los manuscritos bíblicos (Códice Sinaítico, Códice Vaticano). Está claro que San Agustín persuadió a su amigo Jerónimo de incluir los Apócrifos en la Vulgata Latina del año 404 d. C. Dicho esto, Jerónimo hizo la siguiente introducción a la sección de los Apócrifos.

Debido a que la Iglesia valora los libros de Judith, Tobías y los Macabeos, pero no los coloca entre los libros canónicos, está permitido leer estos dos volúmenes para la edificación del pueblo pero no para establecer dogmas de autoridad eclesiástica.[2]

Jerónimo hizo una clara distinción entre los textos bíblicos y los Apócrifos. La Escritura estableció la doctrina de la Iglesia. Los Apócrifos eran utilizados para la mera edificación.

Durante los siguientes mil años, la Iglesia Católica difícilmente estuvo de acuerdo con los Apócrifos. William de Ockham, influyente teólogo medieval, se hizo eco de los sentimientos de Jerónimo cuando escribió que los textos apócrifos “son leídos para la edificación del pueblo, pero no para establecer doctrinas.”[3] Incluso el cardenal Cayetano, un principal opositor de los reformistas protestantes y designado por el Papa León señaló:

La iglesia latina tiene una gran deuda con Jerónimo por haber separado los libros canónicos de los no canónicos… estos libros y cualquier otro similar a ellos en el canon de la Biblia no son canónicos para establecer fundamentos de fe; sin embargo pueden ser llamados canónicos para la edificación de los fieles.[4]

A pesar de estar lejos de llegar a estar unificados, el Concilio de Trento le concedió a los textos Apócrifos el estatus de canónicos en lo que claramente se ve como un movimiento de Contrareforma.

Dirigiéndonos hacia el Nuevo.

En la siguiente publicación llegaremos al Nuevo Testamento. En concreto, el artículo abordará dos preguntas clave.. En primer lugar, ¿habría esperado la Iglesia primitiva más libros de las Escrituras? Y segundo, ¿qué criterios utilizó la iglesia primitiva para considerar que ciertos libros tenían autoridad Escritural y otros no?

[1] Josephus, Against Apion 1.38-41.

[2] F. F. Bruce, The Canon of Scripture, 91-92.

[3] Citado por B. F. Westcott, The Bible in the Church, (London, 1901), 211.

[4] Ibid., 253.

Recursos recomendados en Español: 

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek

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Ryan Leasure tiene una Maestría en Artes de la Universidad Furman y una Maestría en Divinidad del Seminario Teológico Bautista del Sur. Hoy en día, se está postulando al Doctorado en Ministerio en el Seminario Teológico Bautista del Sur. También ejerce como pastor en la Iglesia Grace Bible en Moore, SC.

Fuente Original Del Blog: https://bit.ly/3z36sP2

Traducido por Gustavo Camarillo

Editado por Yatniel Vega García

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