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Por Luke Nix

Introducción: ¿Ciencia vs. Cristianismo?

Se suele afirmar que el cristianismo es un obstáculo para la ciencia. Para justificar esta afirmación se suele decir que muchos cristianos solo miran la naturaleza y satisfacen su curiosidad al decir “Dios lo hizo”, sin buscar más allá para descubrir cómo hizo Dios lo que sea que hizo y que está ahí. Para muchos cristianos, las preguntas sobre el origen y cómo funciona el mundo natural terminan con esa respuesta. Sin embargo, para otros tantos, aunque reconocen que Dios sí hizo algo, buscan diligentemente descubrir cómo lo hizo. El cristianismo no detiene la ciencia, la falta de curiosidad o de interés (no necesariamente es algo malo si la persona no tiene esa pasión ni persigue esa meta) es lo que podría detener la ciencia si no existe un cristiano que posea esa curiosidad. Cada cristiano puede detener el descubrimiento científico para sí mismo, pero como el descubrimiento científico se sigue desarrollando para otros cristianos, los descubrimientos científicos continuarán.

6 maneras en que el ateísmo es un obstáculo para la ciencia

Por otra parte, es un hecho que el ateísmo detiene la ciencia. No porque el ateo satisfaga su curiosidad con decir “la evolución lo hizo” y detenga toda investigación exploratoria, sino que la obstaculiza por un par de razones a las que el ateo no puede escapar si su cosmovisión es verdadera. Si el ateísmo es verdadero, el descubrimiento científico no cesa sólo para el ateo cuya curiosidad e inquietud se satisfacen con la respuesta “la evolución lo hizo”, sino que cesa para todos.

Si eres amigo de la ciencia y de algún ateo, te imploro que lleves tu razonamiento al siguiente nivel: piensa en cómo se entendería el descubrimiento del mundo que te rodea. En el blog de hoy, presentaré seis formas diferentes en las que el ateísmo y la ciencia se excluyen mutuamente y cómo el ateísmo detiene todo descubrimiento científico en su camino.

La ciencia contra el ateísmo

Las leyes de las matemáticas contra el ateísmo

Una gran parte de la investigación científica que hoy en día se hace depende exclusivamente de las matemáticas en sus formas más avanzadas. Las cuáles se utilizan para describir reacciones químicas, modelar la historia de la formación del universo e incluso predecir la propagación de los virus. La razón por la que las matemáticas pueden utilizarse de este modo es porque el universo está cimentado en/regido por las matemáticas. Este hecho hace que el universo sea descriptible, descubrible y predecible (hasta cierto punto). Si el universo produjera las matemáticas, entonces no habría razón alguna para que el universo estuviera ligado a las matemáticas, y no sería posible describirlo, descubrirlo o predecirlo.

Esto supone un grave problema para el ateo. En efecto, según el punto de vista ateo, las matemáticas son un producto de una particularidad del universo (el cerebro humano, para ser exactos), y el universo no está obligado a regirse por algo que haya producido. Según el punto de vista ateo, las matemáticas no son objetivas, por lo que es irracional la expectativa de que el mundo que nos rodea sea congruente con o explicable por lo que trazan las matemáticas. El presente no puede describirse, es impensable descubrir el pasado y los acontecimientos futuros son imposibles de predecirse.

Desde el punto de vista ateo, sin una causa sobrenatural (excluyendo este universo) que haga que las matemáticas   limiten el universo a sus leyes, este universo carece de sentido, y toda labor científica está condenada, en última instancia, a no ser más que un juego de adivinanzas e incapaz de traer conocimientos sobre cualquier punto del tiempo o el espacio.

El principio de uniformidad contra el ateísmo

Al igual que en el caso de las matemáticas, el principio de uniformidad es clave para llevar a cabo la investigación científica. Este principio establece que el pasado se comportó de forma muy parecida al presente, y que el futuro se desarrollará de forma muy similar al presente. Este principio limita el universo a una conexión continua a través del tiempo que los científicos pueden utilizar para describir, descubrir y predecir. Basándose en este principio, los científicos entienden que es razonable extrapolar las observaciones actuales al pasado y al futuro. Gracias a esta conexión continua, los científicos pueden descubrir lo que ocurrió en el pasado (ciencia histórica) con certeza metódica y hacer predicciones sobre acontecimientos futuros en el mundo natural (así es como se ponen a prueba los diferentes modelos de fenómenos naturales: las predicciones de futuros descubrimientos se hacen sobre la base de diferentes interpretaciones de los datos actualmente observables).

Pero, al igual que ocurre con las matemáticas, este principio no puede surgir simplemente con la aparición del cerebro humano en la escena cósmica. Si este principio es un producto de una particularidad del universo, entonces el universo no puede ser gobernado por tal principio. Debido a esa falta absoluta de gobierno, tampoco hay razón para pensar que el universo pueda explicarse utilizando el principio de uniformidad.

Por lo tanto, si queremos continuar con los descubrimientos científicos utilizando este principio y si queremos creer que cualquier cosa que se descubra utilizándolo es verdadera o tiene sentido, entonces debe tener un fundamento anterior a este universo. Esto significa que el principio de uniformidad, al igual que las matemáticas, tiene un fundamento trascendente (sobrenatural). Sin ese fundamento, el conocimiento científico del pasado y la predicción de los acontecimientos futuros son imposibles. En este segundo aspecto, el ateísmo hace que los descubrimientos científicos sean inservibles antes de ser publicados.

Las leyes de la lógica contra el ateísmo

A las matemáticas y al principio de uniformidad se suman las leyes de la lógica. Es a través de las leyes de la lógica que podemos conectar el presente con el pasado y descubrir la historia de nuestro planeta, el sistema solar, la galaxia, el universo, e incluso los eventos iniciales de la misma creación. Pero este nivel de descubrimiento científico sólo es posible si el universo se rige por las leyes trascendentales de la lógica. El razonamiento deductivo y la certeza metódica (mencionados anteriormente) dependen necesariamente de las leyes de la lógica. Si el universo no se rige por leyes que trascienden su propia existencia, entonces no hay razón para investigar y conectar eventos como si se rigiera por tales leyes. Estas leyes deben tener un fundamento que existe fuera del universo natural; esto significa que deben existir de forma sobrenatural.

Pero según el ateísmo, nada existe de forma sobrenatural, y las leyes de la lógica no son una excepción. Por lo tanto, según el ateísmo, el universo no está obligado a seguir ninguna de estas leyes ni se puede esperar que lo haga. Si no podemos confiar en que el universo siga invariablemente tales leyes, entonces no podemos usar tales leyes para hacer tesis verosímiles sobre el universo con ningún nivel de certeza, incluyendo su historia o su futuro. Sin leyes de la lógica que existan fuera del universo, todo esfuerzo científico que intente ampliar nuestro conocimiento del mundo natural más allá del momento presente del que somos testigos en nuestro pequeño espacio de acción es inútil. Sin una razón para creer que este universo está sujeto a las leyes de la lógica, el descubrimiento científico es imposible. Dado que en el ateísmo no hay cabida para las leyes de la lógica que rijan este universo, entonces tampoco puede afirmar que en su cosmovisión se encuentra el descubrimiento científico justificado y razonable .

Las leyes de la física contra el ateísmo

El ateísmo, sin las leyes de las matemáticas y las leyes de la lógica, ya no puede enunciar ni explicar las leyes de la física. Esa es sólo una de las numerosas implicaciones de una cosmovisión carente de una realidad más allá de este universo. Pero el problema para el ateísmo respecto a las leyes de la física es más profundo que el solo descubrimiento y exposición. Porque la falta de descubrimiento y/o exposición no necesariamente implica inexistencia. La carencia de las leyes de la física en la cosmovisión atea se establece de forma independiente, aunque similar, a la ausencia de las leyes de las matemáticas y las leyes de la lógica.

Si en verdad no existen leyes de la física que rijan este universo, que de existir significaría que son lógicamente anteriores o tienen un fundamento fuera de este universo, entonces no hay razón para utilizar dichas leyes de la física en ningún razonamiento (porque utilizaría leyes de la lógica inexistentes) desde las observaciones actuales de este universo hasta la historia pasada (porque usaría un inexistente principio de uniformidad) del mismo universo. Insisto, sin un fundamento fuera de este universo que haga que las leyes de la física gobiernen el universo, este universo no está condicionado a seguir alguna trayectoria específica (leyes de la física). Si el ateísmo es cierto, esta es otra razón por la que la ciencia es inservible antes de darse a conocer.

Nuestros órganos sensoriales y el cerebro contra el ateísmo

Por supuesto, la utilidad de las características de la realidad anteriormente descritas no se manifiesta en los descubrimientos científicos hasta que se realizan las observaciones. Mientras que esas características de la realidad son independientes del observador, esta última propiedad depende del observador. El ateísmo no sólo carece del fundamento para las características de la realidad que son independientes del observador (y muy necesarias para el trabajo científico) las cuales se describieron anteriormente, sino que los lineamientos/criterios para el quehacer científico que depende del observador socavan la fiabilidad de su propia labor.

Las cosmovisiones ateas sólo tienen una explicación posible para el surgimiento de las sensaciones en los órganos y en el cerebro humano:  son cambios que acontecen a lo largo del tiempo y son dirigidos por las leyes físicas (inexistentes) que rigen la selección natural. Esto también se conoce como “evolución no guiada” o simplemente “evolución” en muchos círculos de ateos. Debemos diferenciar claramente entre la evolución guiada por el agente y la guiada por el entorno. El calificativo de “no guiada” se refiere aquí a la guiada por un agente. Los evolucionistas creen firmemente que la evolución fue guiada, pero esa guía fue dirigida por el medio ambiente y por las (inexistentes) leyes de la física que gobernaron la creación y el comportamiento del medio ambiente.

Teniendo esto en cuenta, el proceso guiado solamente por leyes físicas inexistentes tiene como resultado la supervivencia de las especies, así que los rasgos que son útiles para la supervivencia de las poblaciones son transmitidos de generación en generación y continuamente estarán presentes. Desde este punto de vista, un rasgo tiene ventaja sobre otro por los factores externos que permiten su propagación, sin tomar en cuenta lo útil de esa capacidad.Lo útil de esa capacidad es un rasgo  puramente accidental, y no hay manera de comprobar de forma independiente la utilidad de tales rasgos para que hayan continuado, especialmente porque todos las características de la realidad mencionadas anteriormente, que podrían utilizarse para examinarlos de forma independiente, carecen de un fundamento sólido si el ateísmo es cierto. Esto significa que las sensaciones de nuestros órganos y nuestro cerebro han sobrevivido, no por lo útil de sus capacidades, sino porque ayudaron a nuestros antepasados a sobrevivir en su entorno. El ateo no puede llegar y decir que podemos probar científicamente y de forma independiente las sensaciones de nuestros órganos a través de la lógica, las matemáticas, el principio de uniformidad, o las leyes de la física porque ninguno de ellos tiene fundamentos sólidos si el ateísmo es cierto. Si el ateísmo es cierto, entonces todas esas “leyes” son el producto de nuestros cerebros evolucionados, que, de nuevo, es el producto de un proceso gobernado por leyes inexistentes de las matemáticas, la lógica y la física.

Conclusión

Si algo no existe o no es cierto, no es un punto de partida válido para crear procesos que obtengan conocimientos. Si los fundamentos están comprometidos, también lo están los resultados. Si el ateísmo es cierto…

…la ciencia no puede fundamentarse en las leyes de las matemáticas.

…la ciencia no puede fundamentarse en el principio de uniformidad.

…la ciencia no puede fundamentarse en las leyes de la lógica.

…la ciencia no puede fundamentarse en las leyes de la física.

…la ciencia no puede fundamentarse en nuestras propias observaciones.

…la ciencia no puede fundamentarse en nuestro propio razonamiento.

La ciencia depende necesariamente de la seguridad y la verdad de estas características de la realidad. Si el ateísmo es cierto, no hay fundamento para ninguna de estas características de la realidad. Si el ateísmo es cierto, estos no son rasgos de la realidad, lo que significa que no son verdaderos ni existen. Por tanto, no pueden ser puntos de partida de ninguna disciplina del conocimiento, incluida la ciencia. Si el ateísmo es cierto, el quehacer científico (entre otras disciplinas del conocimiento) no puede asegurar legítimamente que nos proporciona verdades sobre nuestro mundo. Si el ateísmo es cierto (en cualquiera de sus formas), es imposible conectar nuestras creencias subjetivas con la realidad objetiva.

Como el ateísmo y la ciencia se excluyen mutuamente, el ateísmo no es amigo de la ciencia; y la ciencia no es amiga del ateísmo. Si usted es amigo de la ciencia, sabe que estos seis conceptos son características de la realidad y son verdaderos. Te invito a abandonar la ingenua cosmovisión científica y filosófica del ateísmo; abraza la realidad del Dios cristiano, Aquel que proporciona una base firme para cada una de estas seis realidades que ya sabes que existen y de las que ya dependes para tus descubrimientos científicos.

Recursos recomendados en Español: 

Robándole a Dios (tapa blanda), (Guía de estudio para el profesor) y (Guía de estudio del estudiante) por el Dr. Frank Turek

Por qué no tengo suficiente fe para ser un ateo (serie de DVD completa), (Manual de trabajo del profesor) y (Manual del estudiante) del Dr. Frank Turek

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Luke Nix es licenciado en Ciencias de la Computación y trabaja como Gerente de Soporte de Computadora de Escritorio para una empresa local de intercambio de metales preciosos en Oklahoma.

Fuente original del blog: https://bit.ly/38XdTMC

Traducido por Yatniel Vega García

Editado por Gustavo Camarillo

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